Cuando un robot aspirador empieza a dejar restos en el suelo que antes recogía sin problema, la reacción habitual es pensar que se ha averiado o que la batería está agotada. En la mayoría de los casos, sin embargo, la causa es mucho más sencilla y barata de arreglar.
El filtro saturado es la causa más frecuente con diferencia: cuando se llena de polvo fino, restringe el flujo de aire y la succión cae aunque el motor funcione perfectamente. Revisar y, si hace falta, sustituir el filtro correspondiente a tu modelo suele resolver el problema en pocos minutos.
El cepillo principal enredado de pelo es la segunda causa más habitual, especialmente en casas con mascotas o pelo largo: el pelo enrollado alrededor del rodillo reduce el contacto con el suelo y fuerza el motor, lo que también reduce la succión efectiva aunque no se note a simple vista sin sacar el cepillo.
Un depósito de polvo demasiado lleno, incluso sin llegar al máximo marcado, también reduce el rendimiento en los últimos tramos de limpieza: vaciarlo con más frecuencia de la que marca el aviso automático del robot evita esta pérdida de succión progresiva.
Las ruedas o los sensores con pelo o suciedad acumulada pueden hacer que el robot pase varias veces por la misma zona o se salte otras, dando la sensación de que "succiona peor" cuando en realidad el problema es de cobertura, no de potencia. Limpiarlos con un paño seco de vez en cuando ayuda a distinguir un problema real de succión de uno de navegación.
Solo si tras revisar filtro, cepillo, depósito y sensores el robot sigue sin recuperar la succión habitual tiene sentido sospechar de un problema del motor o de la batería, que son las averías más caras de solucionar y las menos frecuentes de las cuatro anteriores.
